* Sueños de ocasos violetas.
Temblando las hojas sitúan su cuerpo
en mi camino, otorgan volumen,
decoran la acera y seducen a las rocas.
El aire también, cómplice de mi razón,
se apura en observar, transmite calma,
se preocupa en dejarme respirar
mientras distrae a mis pies con su suave candor.
Manejando en tu auto, no me lleves a casa, no,
es temprano aún, podemos girar una vez más.
Viajando con vos, tan somnífera sensación,
no hay más palabras, sólo quehaceres que desligar...
Ya no pienses más, no hay nada que explicar...
el frío ya pasó, se sumergió y salió,
nada más que temer, nada que decir,
tan sólo mirame, y no me permitas soñar.
Tan sólo un viaje más, no tiene que terminar,
observá mis manos, son tan díficiles de soltar...
Bien, ahora mirá de nuevo, y no te olvides,
no hay más secretos que consultar.
Mi cuerpo resiste, acongojado por pensamientos ingenuos,
atosigado por el fulgor de miradas extrañas, sabiendo que
encontrará confort en tus pupilas de papel,
justo antes que el sol de la hora del alba.
Alba que emula el color de tu piel
cuando despertás por las mañanas,
violáceo destello, tan parecido al amor,
tan perfecto, tan imposible.
Centelleantes ojos, no dejen de mirar
aquellos oscuros deseos, que ante la luz
de tus marcas, que hice mías,
se transforman en anhelos de simple felicidad.
Una lágrima que tu pulgar no logra secar
recorre tu hombro trazando los planos de mi esperanza...
Sobrevalorado control, no te necesito.
Morir a tu lado, casi imposible no disfrutar.
